
La tesis de Ed Dowd es clara: el mercado estadounidense se ha apoyado demasiado en el tirón de la inteligencia artificial y, cuando ese relato empiece a flojear, el ajuste puede sentirse mucho más allá del sector tecnológico.</p>
El analista de PhinanceTechnologies.com, en una entrevista con el siempre polémico Greg Hunter, sostiene que el llamado trade de la IA está entrando en terreno peligroso. A su juicio, la fiesta podría estar bastante más cerca del cierre que del arranque.
Dowd no habla solo de valoraciones exigentes. Va un paso más allá y pone el foco en las cuentas del negocio. Dice que hubo un impulso muy fuerte en los valores de semiconductores en abril y mayo, y recuerda que “17% al 19% of the S&P 500” está ligado al índice de semiconductores. Eso, a su entender, ya es una señal de advertencia. Llama la atención porque habla de una industria con historial sobrado de excesos y correcciones duras (echar un vistazo al 2000 si no).Su argumento central es que la infraestructura vinculada a la IA se está encareciendo a una velocidad que complica el retorno esperado. Menciona precios desorbitados para los chips de memoria básicos, un coste eléctrico al alza y nuevas inversiones en generación energética. Con ese cóctel, dice que “las matemáticas no funcionan” dentro de un complejo de IA impulsado por crédito. O dicho sin rodeos: si los números dejan de cuadrar, las manos fuertes pueden empezar a soltar papel.
Dowd cree que, si esa burbuja termina pinchando, llegará un “crash severo en el mercado”. No concreta plazos ni magnitud, pero sí dibuja un mercado vulnerable a una corrección seria si se rompe el bucle de expectativas alrededor de la IA.
Su advertencia no acaba ahí. El otro frente es geopolítico y pasa por Irán. A finales de mayo planteó un escenario extremo con “el barril a $250 y un potencial 11% de inflación”. De momento no ha ocurrido, pero matiza que tampoco lo descarta. Según explica, había dos rutas posibles: una resolución del conflicto entre abril y mayo, con el crudo cerca de $125 por barril y una inflación tocando techo en mayo para después moderarse; o una escalada mayor.
Dice que lo primero fue lo que pasó inicialmente. Tras el MOU con Irán, el petróleo cayó a los 60”, pero ahora está surgiendo la segunda ola inflacionaria.

El giro importa y mucho. Porque si el conflicto sigue y el precio rompe con claridad la zona de $125”, para luego consolidarla como soporte, su siguiente referencia está entre “$200 y $250 el barril”.
A partir de ahí enlaza ambas piezas del tablero: energía cara e inversión inflada en IA. Su lectura es que ese shock aceleraría una recesión global que ya ve venir para 2026.Es un lenguaje duro, pero coherente: primero presión inflacionista por oferta; después frenazo económico por destrucción de demanda.
Dowd añade dos ideas más sobre activos. Cree que el dólar tiene aun estructura alcista, justo lo contrario de quienes anticipan un batacazo del billete verde. Y mantiene intacto su objetivo para el oro: $10,000 por onza en los próximos años.
La foto que deja es incómoda para Wall Street. Mucho peso concentrado en IA, semiconductores en zona caliente y un petróleo otra vez mirando hacia arriba. Sorprende que junte ambos riesgos en una misma narrativa, pero esa es precisamente su apuesta: si fallan las cuentas del boom tecnológico y se complica el frente energético, el mercado tendrá difícil seguir bailando al mismo ritmo.